• Iciar Piera

La mirada del asombro

Hace dos días vi la película Soul, de Pixar.

Me gustó.



Al finalizar la película había una palabra que venía a mi mente una y otra vez: Wonder, que en la traducción al castellano sería algo así como Asombro, o Maravilla.

Hay una frase que seguro que has escuchado alguna vez de Einstein que dice así:

"Hay dos maneras de vivir tu vida: una como si nada fuese un milagro, la otra como si todo fuera un milagro".

Esa ha sido la enseñanza de esta película para mí.

No se trata de la forma, no se trata de las circunstancias, de que consigas lo que crees que te haría feliz, no se trata de tu pasión, no se trata de lo que haces, como piensa Joe.

Se trata de nuestra mirada.

La felicidad, la dicha, la paz se encuentran en esa mirada donde todo es un milagro.

La mirada del asombro.

Cuando el alma llamada 22 entra en el cuerpo de Joe, un músico apasionado del jazz que ¿muere? antes de la gran oportunidad de su vida, acompañamos a Joe a ver su vida desde una nueva perspectiva, porque para 22 todo es un milagro.

Todo es nuevo: una hoja que cae, una pluma, caminar, las cosas más sencillas se convierten para ella, que no tiene el condicionamiento del pasado que tiene Joe, en un puro disfrute.

Todo es luminoso.

Es ver la vida como si la estuvieses viendo por primera vez.

Al terminar de ver la película me acordé de un vídeo que he visto, y compartido muchas veces, de una niña que experimenta la lluvia por primera vez.

Es pura inocencia.

Me encanta cuando dice algo así como: ¡GUAU!


Pensamos que eso está restringido a los niños, pero esa mirada no condicionada es algo que podemos aprender.

Más bien es el resultado de desaprender todo lo que nos hemos enseñado.

Permitir, como leía el otro día en un libro de Byron Katie (Una mente en paz consigo misma) que la mente resida en ninguna parte.

Esa es la mente de Buda. Esa es la mente de Cristo.

Una mente enamorada del asombro.

Ver la vida a través de una mente clara.

Decía Krishnamurti que cuando a un niño le enseñas que un pájaro se llama "pájaro", el niño no volverá a ver el pájaro nunca más. Lo que verá será la palabra "pájaro". Eso es lo que verá, y esa será su experiencia. Y cuando levante la cabeza y vea ese ser alado surcando el cielo se habrá olvidado del asombro, porque ahora creerá que sabe lo que está viendo.

Pero lo que está viendo ahora es un concepto, una idea.

Recuerdo que mi sobrino cuando era pequeño estaba enamorado de las gruas. Cuando veía una grua se ponía como loco. Se emocionaba. Era como si hubiese visto algo asombroso. Cuando ibas con él y veía una grua podías ver la grua a través de sus ojos, y era imposible que no te sorprendiese igualmente y empezases a experimentar alegría.

Eso es lo que experimento cuando veo el vídeo de la niña de la lluvia.

Eso es lo que recuerdo cuando veo películas como Soul.

La primera lección del libro de ejercicios de Un Curso de Milagros dice:


NADA DE LO QUE VEO SIGNIFICA NADA.

Hay una paz y una alegría inherente que empieza a brotar cuando se deja de aportar significado a lo que nos rodea.

Entonces brota el asombro de nuevo.

Empezamos a ver cómo en la escena de la bolsa de la película de American Beauty que "existe vida bajo las cosas. Y una fuerza increiblemente benévola que me hacía comprender que no había razón para tener miedo. Jamás".

Al igual que el protagonista de esta escena necesitamos recordarlo.

Yo necesito recordarlo.

Ese es mi propósito para este año, entrenar esa nueva mirada.

La mirada del espíritu.

Porque el espíritu es el maestro del asombro.

¡GUAU!

Iciar


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