• Iciar Piera

Permanecer como Presencia




Acabo de ver un documental en Netflix, se titula Miracle (faith or fiction) y es un espectáculo de un ilusionista llamado Derren Brown. No he asistido más que una vez a un espectáculo de ilusionismo, y la verdad es que me lo pasé como un niño. En esta ocasión me ha pasado lo mismo. El espectáculo que Derren propone nos lleva a través de una serie de números donde nos habla del poder de las historias, de reescribir las historias que nos contamos. Desde un número donde hace a una chica comerse un cristal, hasta la traca final donde “cura” a una serie de personas de entre el público con el poder de la ¿fe?, todo el espectáculo es un sube baja de emociones, donde al igual que los niños la noche de Reyes te dejas llevar por la magia, hasta que tu mandíbula se parece a la cara de sorpresa de los dibujos animados que veíamos de pequeños. Tengo que reconocer que me he metido tanto en la historia, que por momentos he tenido que ponerme la mano delante para evitar ver lo que iba a pasar; mientras en otros estaba tan alucinada de lo que estaba viendo que se me ha pasado la hora y pico que dura el show en un abrir y cerrar de ojos. Cuando vamos a un espectáculo de este tipo sabemos que es un truco, que el mago, o el ilusionista, te distrae para que veas, o creas ver, aquello que él quiere que veas. Es mentira, y sin embargo, nos lo creemos. Y no sólo nos lo creemos, sino que reaccionamos como si fuese verdad. Cuando terminé de ver el documental me había encantado, pero no tenía muy claro cual era el mensaje para mí, cual era la lección, porqué me había sentido guiada a verlo. Entonces me di cuenta de que durante todo el tiempo del show, me había dejado llevar totalmente por las imágenes. Había entrado en la historia.


Como si hubiese sido succionada por la pantalla.

Me había olvidado completamente de mi posición. Entonces había empezado a reaccionar, y vivirlo, como si fuese real. Pero no lo es. Es una ilusión. ¿No es acaso eso lo que nos pasa en nuestro día a día? Estamos tan identificados con la ilusión de lo que creemos ser, un personaje dentro de una historia, que nos olvidamos de que somos el observador, somos la Presencia que atestigua. Y esa Presencia siempre está en paz. Esa Presencia es paz. Esa Presencia es dicha, felicidad, es calma en medio de la tormenta. Cuando me identifico con la historia, cuando me dejo llevar por las imágenes, me creo mis pensamientos, o me confundo con mis emociones, pierdo de vista ese "centro tranquilo". Sigue ahí, pero ahora mi posición no es el Ser sino el ser. Ahora creo ser un efecto, y no la Causa. Un sueño, y no el soñador. Mooji dice que la única "práctica" espiritual se reduce a permanecer como el Ser. Lo llama de una manera muy poética: “Marinar el Ser”. La mente vendrá a tentarte. Vaya si lo va a hacer. Para que reacciones, para que vuelvas a entrar en la pantalla, en la ilusión. Para que te identifiques con las imágenes. Pero se trata de permanecer en esa posición, y en caso de soltarla - algo que es muy fácil de identificar porque te verás reaccionando, juzgando, atacando, queriendo cambiar lo que está sucediendo, poniendo la causa de tu sentir en los eventos del mundo, o en lo que tu cuerpo experimenta, en el comportamiento de alguien, o en el tuyo propio - volver a esa posición lo antes posible. Esa posición es una posición de no interferencia. Es un espacio de pura Aceptación. Es Presencia. Es estar enraizado en el Ser. La manera de experimentar felicidad, paz, dicha, de manera consistente es identificarnos con lo que Es consistente. El mundo no lo es. El cuerpo no lo es. Es ser consciente de cuál es mi posición a lo largo del día. En mis interaciones con otras personas, o cuando estoy haciendo algo. Permanecer como Presencia. Porque mi experiencia, mi sentir, procede de mi posición, de aquello con lo que me estoy identificando. Es por lo tanto mi decisión. Lo que experimento es mi decisión. El ego, como el gran maestro del despiste, puede, al igual que un ilusionista, tratar de llevar tu atención fuera de esa posición, de ese centro tranquilo. Y va a utilizar toda su artillería pesada para ello. Vaya que sí. Pero al final se trata de mi decisión. ¿Cuál es mi posición? En ocasiones esta simple pregunta te sacará automáticamente del conflicto, y te llevará otra vez a la calma. En otras ocasiones necesitarás un poco más de tiempo para volver a ese centro tranquilo. Queremos que la ilusión sea real porque queremos que nuestro ser, la identificación personal sea real. Queremos la ilusión. Queremos, claro está, la parte bonita de la ilusión. Las partes rosas, los unicornios (¡y que conste que no tengo nada en contra de los unicornios, de hecho me encantan!) Pero al igual que una moneda, en la dualidad no hay cara sin cruz. No hay dicha sin dolor. No hay luz sin oscuridad. No hay inocencia sin culpabilidad. Es un juego de opuestos. Cuando aceptas el juego, aceptas sus reglas. A lo largo del día podemos ser conscientes de cuanto queremos seguir jugando este juego. Como hay una parte de nosotros adicta al juicio, al conflicto, al dolor. Lo pronto que nos olvidamos de ese "centro tranquilo", y empezamos a reaccionar a lo que vemos en la televisión, o a lo que leemos en internet. Hay una parte de nosotros que se resiste a abandonar el juego. Podemos ser conscientes de todo esto sin juzgarnos por ello. Asumiendo responsabilidad. Tenemos miedo de dejar ir esa identificación personal. Como decía Marianne Williamson no es a la oscuridad a lo que tememos. Es a la Luz. Es al Amor. Porque en presencia del Amor no hay "yo", no hay "tú". No hay separación. Sólo hay nosotros (¿has visto ya la serie que recomendé en la última entrada?). El ilusionista no puede hacer que nos creamos lo que no es verdad, tenemos en última instancia el poder de dejarnos engañar o no. De saltar fuera de la pantalla. Dar un paso atrás. Recuperar nuestra posición. Permanecer como Presencia.



Este es el trailer del espectáculo Miracle. Está en el catálogo de Netflix. Tiene otros dos espectáculos de ilusionismo, y este me ha parecido tan alucinante que probablemente los vea más adelante, porque como un ejercicio de observación son muy buenos.



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