• Iciar Piera

Si no es ahora, ¿cuándo?




Estos últimos días he estado viendo la serie “The Chosen” acerca de la vida de Jesús.

Si estás interesado en verla puedes hacerlo en su aplicación para el móvil.

Toda la serie se gestionó a través de donaciones, de una campaña de “croudfounding”.


En la segunda temporada, que se está grabando ahora, consiguieron duplicar la cantidad que pedían.


Y es que el propósito de esta serie es acercar la figura de Jesús, y sobretodo su mensaje al mundo.


A mí particularmente me encanta, me puedo identificar con todos y cada uno de los personajes, y la figura de Jesús es tratada con tanto cariño e interpretada con tanta devoción y amor por Jonathan Roumie, que hasta el momento es mi Jesús favorito.


En uno de los capítulos se muestra el milagro de las bodas de Canaan, la frase que da

título a esta entrada pertenece a dicho capítulo.


Se la dice María, la madre de Jesús, cuando llega un momento en medio de la boda en que se quedan sin vino y le pide ayuda a su hijo.


Jesús duda porque todavía no ha llegado su hora, la hora de mostrarse al mundo, y su madre le dice: Si no es ahora, ¿cuándo?


La lección 188 del libro de ejercicios dice: La paz de Dios refulge en mí ahora.


Ahora.


En este mismo instante puedo ser consciente de esa paz porque ya está aquí.


Está disponible para mí ahora.


Dice esta lección:


¿Por qué esperar a llegar al Cielo? Los que buscan la luz están simplemente tapándose los ojos. La luz ya está en ellos. La iluminación es simplemente un reconocimiento, no un cambio.

La iluminación es el reconocimiento de que “la paz de Dios refulge en mí ahora”.


Nada tiene que ser diferente.


Nada tiene que cambiar.


La luz ya está aquí.


No tenemos que esperar a mañana, a que volvamos a la normalidad, a que la situación mundial cambie, o a que cualquier situación de tu vida sea diferente.


El mundo no necesita ser diferente.

Tu vida no necesita ser diferente.

Tu cuerpo no necesita ser diferente.


La luz ya está aquí.


Si no soy consciente de ella es simplemente porque como dice esta lección “estoy tapándome los ojos”.


La iluminación es el reconocimiento de esa luz que ya está en nosotros.


Somos esa luz.


No somos un cuerpo.

No somos una identidad separada.


Dice esta lección: “la luz vino contigo desde tu hogar natal y ha permanecido contigo porque es tuya. Es lo único que trajiste contigo de Aquel que es tu Fuente. Refulge en ti porque ilumina tu hogar y te conduce de vuelta al lugar de donde vino y donde finalmente estás en tu hogar”.


Estos últimos meses estoy experimentando mucho dolor y tensión, en ocasiones es tan intenso que parece como si fuese a desmembrarme.


Es una sensación de división, de separación que se proyecta en el cuerpo haciendo casi imposible que mi atención no se dirija hacia el mismo.


De hecho esa es la intención de esta resistencia, llevar la atención al cuerpo.


Alejarla de la luz.


Negar la luz, porque en estos últimos meses ha habido muchos episodios de luz.


A medida que la luz se abre paso la oscuridad se intensifica.


El miedo a la luz se intensifica y eso puede experimentarse como si te fueses a morir.


Y hay una parte que tiene que morir.


El ego tiene que morir.


Esa resistencia es el miedo a dejar ir la identificación personal.


Mi mente se aferra con uñas y dientes a ese “yo” conocido, temeroso de soltar el control y dejarse descansar en el Amor.


En medio de esa intensidad, por momentos insoportable, he encontrado paz.


He experimentado que realmente se trata de una decisión.


En cualquier instante puedo decidir con qué identificarme.


Con un cuerpo, o como espíritu.

Con la oscuridad del sistema de pensamiento del ego, o con la luz del sistema de pensamiento de Jesús.


Mientras escribo estas líneas la tensión está muy presente, como si quisiese disuadirme de compartir, pero al mismo tiempo hay alegría, hay una sonrisa en mi cara, una fortaleza interna inamovible que se encuentra muy presente.


En el mismo centro del huracán del ego he descubierto que siempre tengo elección.


Siempre.


Puedo elegir la luz.

Puedo identificarme con esa luz.

Como esa luz.


Entonces aunque la tensión, el dolor siguen ahí no hay lucha, no hay resistencia a la resistencia, y lo que experimento son oleadas de felicidad.


Es como una alegría muy profunda que hace que las comisuras de mis labios se levanten, dibujando una sonrisa interna que se refleja en mi cara.


Solo cuando mi atención va de nuevo al cuerpo, al dolor, a la tensión, cuando quiero que desaparezcan, me impaciento o juzgo la situación, abandono esa posición y vuelvo de nuevo al conflicto.


Dice esta lección que “esta luz no se puede perder”.


No se puede perder, pero yo puedo perder la conciencia de ella al elegir algo diferente.


Al desear algo diferente.


Cuando deseo algo diferente de lo que está sucediendo en este instante es debido a que estoy de nuevo de la mano del ego.


Tanto lo que se resiste, como lo que quiere que esa resistencia desaparezca, es lo mismo.


Lo que experimenta tristeza, o ansiedad, o enfermedad, y quiere que esa situación cambie, es lo mismo.


Es el ego.

Es el deseo de ser un cuerpo, porque eso es lo que el ego es.


El ego es simplemente mi deseo de ser algo separado de Dios.

Es mi deseo de negar la luz.

De taparme los ojos.


Durante estos meses cuando el miedo aumenta y le pido ayuda a Jesús su respuesta es siempre la misma: Estás en la luz junto conmigo. La luz no puede fallar.


Una y otra vez.


Ese es su recordatorio.


No ha pasado nada.


Sigo estando en la luz junto a Jesús.


Esa es mi posición.


Puedo rechazarla.

Puedo negarla.

Puedo olvidarme de ella y volver a identificarme con el cuerpo.


Pero eso no ha cambiado nada.


Sigo estando en la luz junto a Jesús.


Solo necesito un momento de reconocimiento, y ya estoy en Casa de nuevo.


La luz no se ha perdido.


La luz no lucha, no se desespera, no se impacienta.

La luz no se ve afectada por nada.

La luz no puede estar enferma, no puede experimentar dolor, no puede morir, nunca ha nacido, nunca ha cambiado.


Siempre ha estado ahí.


La iluminación es un reconocimiento.


Ese reconocimiento es ahora, es siempre ahora.


No es un cambio.


Si la luz está en nosotros, y no se puede perder, ¿por qué esperar a encontrarla en el futuro, o creer que se ha perdido o que nunca existió?


La Paz de Dios refulge en ti ahora.


La Paz de Dios refulge en mí ahora.


Si no es ahora, ¿cuándo?


Te dejo con el trailer de la serie "The Chosen":



Puedes ver la serie subtitulada en la aplicación que tiene para móviles, busca en "Play Store": The Chosen y descargatelo. Creo que también están en youtube.

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